La piel de la ciudad herida - exposicion individual


LA PIEL DE LA CIUDAD HERIDA
Exposición de Víctor Muñoz 
La ruina es también un mito para la memoria y un modo de despertar la conciencia cívica por la ciudad.
Santiago B. Olmo
En numerosos países de reciente desarrollo las ciudades nacieron y evolucionaron casi de improviso, no a través de la lenta sedimentación que caracteriza a casi todas las ciudades europeas. Aquel encanto idílico de antaño que caracterizaba a las ciudades, se ha perdido ante las urgencias de la actividad económica, política y tecnológica. Ya no existe la estampa urbana concebida como un paisaje digno de serena contemplación, se prefiere una actitud totalmente asentimental desarrollada a partir de la vivencia de la ciudad. En este sentido, algunos teóricos han propuesto que el ideal de ciudad se funda en lo “informal” de la misma, que es allí donde tendría todas las formas que puede adoptar en la experiencia, no solo física sino emocional y mental, de quien vive en ella.
Víctor Muñoz necesita recorrer las calles de Medellín, hablar con la gente y, de esta manera, contar la ciudad desde su experiencia. En su deambular, Muñoz confronta dos caras de la misma, la una oficial que según Claudio Zulián es aquella que se constituye en “tramoya de la buena imagen”1aquella que responde a la sociedad de consumo, privilegiando lo precioso, lo nuevo, lo íntegro; y la otra, la excluida, la deslucida, la que en palabras del mismo Zulián, es “la definición de la expresión del conflicto”2aquella que la cultura ha relegado en la indignidad y de cuyos fenómenos se han ocupado algunos artistas plásticos.
Es precisamente aquí, donde Muñoz concentra sus experiencias para mostrarnos los cambios en la percepción  del paisaje urbano; un paisaje testimonio metafísico, que encierra las huellas de una larga historia, con sus muros protagonistas de una existencia depositada en ellos. Él encuentra estimulo a su creatividad en arquitecturas ruinosas, en el abandono, en lo amorfo, y valora lo simple, lo desvaloralizado, lo demolido, lo manchado como signos de un pasado perdido incluso en la memoria.
El ojo de Víctor Muñoz, escudriña y registra aquellos lugares que son testimonio, precisamente de una ciudad que, como lo es Medellín, cambia constantemente como resultado del empuje arrollador de los urbanistas; de las estrategias de consumo globalizado; y de los efectos de la violencia, y sus consecuentes desplazamientos; situaciones que han llevado a algunos habitantes a abandonar sus viviendas tradicionales. Estos, expatriados, deciden demoler sus casas o sellar las puertas y ventanas de las mismas para convertirlas, a causa del deterioro, en “lotes de engorde” y/o, en la parcela reservada, una vez regresen a su origen.

Zulián, Claudio. “La plaza de mercado”, en: Lápiz (176), Madrid, octubre de 2001, p. 23.
Ibíd., p. 24.
El crecimiento acelerado de la ciudad y los efectos antes mencionados, han presionado la construcción informal, sobre todo en estratos medios donde sus habitantes, estimulados por la política de propiedad horizontal, construyen sus viviendas de primer piso en terrazas y garantizan, de esta manera, una parcela a su futura descendencia. Vasta con otear la ciudad para evidenciar la presencia, ya no de techos en teja, sino de terrazas a medio construir. 
Son estas parcelas las que configuran e identifican el paisaje urbano que Víctor Muñoz, pone ante nuestros ojos, es él, quien con su sensibilidad nos invita a tener una experiencia estética nueva con su trabajo, a interesarnos en lugares a los que por el tratamiento del medio, les confiere una factura que les ha sido negada. La piel de la ciudad herida, ha sido mal curada, sus cicatrices son el testimonio de la violencia y el abandono.

Armando Montoya
Profesor asociado
Facultad de artes
Universidad de Antioquia